Con infinita paciencia y la mayor delicadeza se dispuso a quitarle cada uno de los siete velos:
Comenzó por el velo del miedo. Siguió con el de la culpa. A éste le precedió la ansiedad. Luego fue desgarrado el velo del pesimismo. Más tarde se notó libre de la apatía. A su lado cayó el velo de la ignorancia. Y al verse libre de los anteriores, ella misma se quitó el velo de la tristeza. El pudo deleitarse con el fulgor de su belleza desnuda. Ella vino a refugiarse entre sus brazos. Invocaron al amor y éste acudió a ofrecerse como alimento. Una vez saciado su apetito se entregaron en brazos de Morfeo.
Antes de que ella despertase él posó sobre su cama los siete velos que iban a formar parte de su nuevo atuendo: El velo de la autoestima.El velo de la empatía. El velo de la paciencia. El velo del optimismo. El velo del entusiasmo. El velo de la motivación y el velo de la alegría.
La conocía bien y sabía que con su nueva ropa iba a brillar como una estrella. Ella se despertó y fue poniéndose cada uno de los velos. Al finalizar se acercó al espejo para ver la imagen que éste le ofrecía.
¿Cómo te ves? preguntó el.
Radiante, respondió ella.