Desde pequeña aprendí que ser la mayor no tenía por qué ser un privilegio, mis padres se justificaban echándome la culpa diciendo: "tú tienes más sentido que ella" y claro, esa era una frase multiuso, porque en ningún momento la diferencia de edad entre mi hermana y yo iba a distar, ni más ni menos, que de tres años.
Además, me di cuenta de que ella siempre conseguiría lo mismo que yo en menos tiempo, sin necesidad de lágrimas ni por favores.
Con el tiempo noté que mi hermana era mucho más fuerte que yo,no sólo físicamente sino que, o bien me doblegaba ante ella o nunca pude(al menos que yo recuerde)saber que era eso de "mandar sobre ella",pero no me arrepiento.
También quise ser su amiga,y aunque a veces lo fuimos, ella siempre fue bastante reservada para contarme sus problemas y sus cosas, además de rebelde,consecuencia supongo de que odiaba que la compararan conmigo.
De todos modos, también había algo bueno en nacer la primera:
Mis padres, que estaban indecisos en que nombre ponerme (Alba o Paula) y al final eligieron el que más les gustaba, ¿adivinais ahora como se llama mi hermana?